jueves, 13 de abril de 2017

Cuentos espirituales del Himalaya 1

Preguntas improcedentes.
Por Santiago Quiroz
Twitter: @lic_santiago



"Cuentos Espirituales del Himalaya", de Ramiro Calle, es una compilación de relatos de aquellas latitudes en la que podemos encontrar valiosas narraciones que, desde la reflexión, acercan al lector a la flexibilidad y a la solución pacífica de los conflictos. En la obra hay un breve cuento cuyo título he tomado prestado para el de esta entrada y sobre el que comparto a continuación.


Preguntas improcedentes es una fábula sobre el infortunio de un viajero que, perdido en el árido altiplano, ha agotado sus reservas de agua, por lo que su aventura le ha significado peligrar de muerte.


Usando sus últimas fuerzas grita por auxilio y es escuchado por algunas personas que viajaban en caravana, éstas acuden con el moribundo y le escuchan repetir ya agonizante: "agua, agua, agua." 


Todas lo miraron con detenimiento y empezaron a discutir cómo sería la mejor forma de darle a beber: ¿directo del pellejo? ¿de un recipiente de oro o de plata? ¿de una copa de cristal? ¿en su propia cantimplora?... Y en lo que decidían cuál era el mejor modo de hacerlo, el hombre murió de sed.

Preguntas improcedentes, evidentemente.


En el mundo de los mecanismos alternativos de solución de controversias hay momentos muy cercanos a esta historia, en el que el movimiento de la justicia alternativa topa con grandes oportunidades de socialización —entendida como la posibilidad de extender al conjunto de la sociedad algo limitado antes a unos pocos. 

Hay por todo el país muchas personas que creen en la justicia dialogada como forma de sanar y mejorar a la comunidad, y que con base en el ideal de transformar, comienzan a andar en el "altiplano" de la autocomposición a que se refiere el cuarto párrafo del 17 Constitucional, pero que ante la aridez de oportunidades pronto agotarán su cantimplora de entusiasmo.

En esta analogía, las personas que van en la caravana llamada "preponderancia", acuden a ver al movimiento socializador para preguntarse: ¿y este/esta quién es?¿de dónde viene?¿cómo llegó hasta acá?¿no sabe que para andar estas rutas hay que contar con más entrenamiento?...  dejando al viajero socializador morir de desecación y agotamiento.

Si lo hacen para no perder la "preponderancia" o lo hacen en un afán real de ayudar es cuestión que no interesa, lo importante es que cada vez que vuelven a toparse con otro viajero socializador, se repite la escena, con el desenlace fatal esperado. 

Es momento que dejemos a un lado toda pregunta inoperante y empecemos a ayudar a todos los novicios andantes a que sigan caminando, ya que el movimiento MASC no puede seguir siendo algo limitado a unos pocos, ¿o Usted que piensa?







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